Por Trapiche Digital
Diciembre 5, 2025
En política, hay errores… y hay abusos que ofenden la inteligencia de cualquiera. Lo ocurrido con el Partido Nueva Alianza Hidalgo no solo es un boquete financiero; es una afrenta directa a su propia militancia, a sus estructuras municipales y a toda ética pública que se supone deberían defender.
Porque mientras en los municipios —donde realmente se siente el pulso de la ciudadanía— no hay recursos ni para operar oficinas básicas de gestión social, ni para combustible, ni para impresiones, ni para darle atención digna a quienes todavía creen en ese partido… resulta que, allá en la capital, donde se reparten los privilegios y se esconden los expedientes, nadie sabe, nadie supo qué pasó con los 4 millones 693 mil pesos que “desaparecieron” en 2020.
Y peor aún: tampoco saben, tampoco quieren saber, qué ha sido del hachazo de 9.3 millones con el que ahora el INE sanciona al partido por su absoluta incapacidad —¿o conveniencia?— de aclarar la defraudación bancaria dentro de su propia casa.
¿Fraude cibernético? ¿O negligencia de alto calibre?

Nueva Alianza argumentó ser víctima de un hackeo, pero el INE encontró algo más grave:
El partido no hizo lo suficiente para deslindarse, investigar ni corregir la irregularidad.
Santander rechazó responsabilidad porque los retiros se hicieron con claves, token y validaciones que solo el propio partido podía poseer. La FGR cerró el caso. Condusef encontró que ni siquiera había una reclamación formal. Y la persona que recibió millones en ventanilla —José Humberto Pérez Gudiño— jamás respondió.
Un festival de omisiones… o un operativo quirúrgico de alguien que sabía perfectamente lo que hacía.
La pregunta que duele: ¿y el dinero de la militancia?
Mientras arriba se derraman millones por las grietas de la opacidad, abajo, en los municipios, lo que se derrama es indignación.
Porque ese dinero, bien aplicado, habría permitido mantener operativas las oficinas municipales del partido, apoyar gestiones, fortalecer comités y dar respuesta mínima a quienes aún cargan la camiseta turquesa por convicción y no por negocio.
En cambio, hoy las bases ven cómo se reduce 25% del financiamiento mensual por una sanción derivada de la irresponsabilidad de la dirigencia estatal. Una dirigencia que pide disciplina, pero no rinde cuentas; que exige compromiso, pero evade explicaciones; que reclama unidad, pero deja abandonadas a sus propias estructuras.
El verdadero costo no es financiero: es moral
Este escándalo no solo exhibe la fragilidad interna del PNAH. Exhibe la ausencia total de controles, liderazgo y ética.
Los partidos políticos tienen la obligación legal y moral de custodiar cada peso que reciben del erario. No pueden llorar “fraude” mientras ni siquiera se toman la molestia de hacer una denuncia correcta o seguir un procedimiento formal de reclamación.
Por eso el INE fue claro:
No hubo esfuerzos eficaces, no hubo responsabilidad institucional y, por tanto, la falta es grave.
¿Quién dará la cara?
Hoy Nueva Alianza enfrenta una sanción histórica, una crisis interna profunda y un descrédito creciente. Pero lo más alarmante es el silencio.
El silencio de quienes manejan las cuentas.
El silencio de quienes toman decisiones.
El silencio de quienes deberían explicar dónde quedaron esos recursos que hoy hacen falta en cada municipio del estado.
Porque mientras no haya claridad ni responsabilidades, la sospecha seguirá siendo la misma:
En Nueva Alianza, el único aliado… fue el vacío.